Ontinyent, caminos por recorrer

RESUMEN HISTÓRICO

RESUMEN HISTÓRICO

     Ontinyent se encuentra en la comarca de La Vall d'Albaida, enclavada en el centro de la parte más occidental, rodeada de buenas tierras de cultivo y a orillas del río Clariano -o río de Ontinyent.

     La ocupación humana de su territorio está documentada desde la época prehistórica. Se conocen algunos yacimientos de finales del neolítico, como por ejemplo el Arenal de la Costa, así como numerosos poblados de la edad del Bronce, entre los que destaca el Cabeço de Navarro. También hay otros con restos ibéricos, sobre todo tardíos.

     De la época romana se conoce la existencia de varios asentamientos agrícolas de pequeña entidad, repartidos por el territorio, iniciándose la mayoría de estos en la época de Augusto en las primeras décadas del siglo I d. C., algunos de los cuales sólo perduraron hasta medios o finales del siglo II d. C., mientras que otros prosiguieron, seguramente, hasta el siglo V d. C.

     Aun así, ninguno de los asentamientos romanos conocidos hasta ahora se ubica en lo que en la actualidad es el casco urbano medieval de Ontinyent, conocido como la Vila. Aunque debió existir alguno en las proximidades por ser uno de los sectores más fértiles y con las mejores tierras del término. De hecho, el nombre de Untinyân mismo, claramente preislámico, es seguramente el que ha subsistido a un nombre de origen latino.

     En este sentido, seguramente hace falta destacar el reciente descubrimiento (y excavación parcial) de lo que sería un amplio yacimiento romano en el Llombo –zona del actual polideportivo-, de amplia perduración cronológica. También se han podido documentar arqueológicamente los restos de un extenso cementerio tardo-romano, o visigótico en el Bancal del Cel (la Casa Calvo), a unos 2 km al sur del casco urbano medieval, con cerca de un centenar de tumbas, del siglo VI d. C aproximadamente.

     De los primeros siglos de la época andalusí –del al-Ándalus, nombre que recibía la península durante el dominio islámico- hay pocos datos, puesto que son muy escasos los testimonios materiales o, cuando menos, los ignoramos. Sería en estos momentos o poco después cuando se estableció un importante núcleo de población en el Castellar, a unos 3 km. al sur, lindando con Bocairent, en un lugar escarpado y con una larga muralla, que perduraría hasta principios del siglo XI, a finales del califato Omeya.

     Desperdigadas por el territorio había una serie de alquerías, de cronología diversa, de las que solamente algunas, contemporáneas al hisn Untinyän y que permanecerán hasta el momento de la conquista, son citadas por la documentación, como por ejemplo Iel·las –Morera- o Benarrai. También pertenecen a esta época andalusina los grupos de cuevas artificiales inaccesibles (cuevas-ventana de cingle), como las ventanas del Pou Clar o Covetes dels Moros, existentes en los barrancos entre Ontinyent y Bocairent, destinadas a graneros comunales o almacenes de seguridad de algunas comunidades campesinas andalusines, probablemente de ascendencia bereber.

     Con todo, el casco urbano antiguo de Ontinyent —la Vila— está documentado desde el siglo XI, qué es citado por Ibn al-Abbar como lugar de nacimiento del poeta al-Untinyaní. En el siglo XII, al-Idrisi cita el castillo de Ontinyent (hisn Untinyân) como etapa en el camino de Murcia a Valencia. Los numerosos hallazgos mobiliarios –cerámicos etc.- procedentes de las excavaciones arqueológicas en la Vila documentan bastante bien estos siglos finales del dominio islámico, aun así son pocos los restos estructurales que han pervivido.

     Cuando fue conquistada por los cristianos (1244), su término municipal era muy amplio, puesto que comprendía Agullent (hasta 1585), así como la partida de los Alforins, concedida por Jaume I (1256) y convertida en municipio en 1927. Fue Villa Real con voto en las Cortes del Reino, aunque durante algunos cortos periodos perteneció a personas de la familia real (el infante Pedro, Ramón Berenguer…) o de la nobleza (los Vilaragut), etc.

    Con Villena tuvo numerosos pleitos por cuestión de límites territoriales. Durante las Germanías (1522), el lugarteniente conde de Melito ocupó la población, tras refugiarse los reialistas en lo alto de la ciudad, e hizo un gran número de prisioneros, que utilizó como rehenes para liberar a su hermano, el marqués de Zenete, recluido por los agermanados en el castillo de Xàtiva. Otro hecho destacable de su historia pasada fue, la peste del año 1600, que afectó gravemente a Ontinyent, causando una gran mortalidad.

     La ciudad también participó activamente contra los moriscos sublevados que ocupaban la Mola de Cortes, a raíz de su expulsión, a principios del siglo XVII, así como, un siglo después, en la Guerra de Sucesión, perdida en Almansa en 1707.

     En la ciudad y en los alrededores hubo combates durante la Guerra del Francés y las guerras carlinas. El título de ciudad le fue otorgado en el año 1904.

Texto realizado por Agustí Ribera (Servicio Arqueológico de Ontinyent).